-Yo aguanto adentro del huevo de la risa.
Los nervios me brillan como estrellas.
Suelo citarme con ciertas criaturas, losquenuncafaltan
para que nos ignoremos con la mayor naturalidad
en sitios siempre distintos pero siempre iguales.
Yo me escondo en cuclillas sobre la sombra de los Trece.
Mala intención, rabia sobre rabia, en la rabiosa impaciencia del tiempo, que pareciera no tiene salida, rezonga Funda.
Sus iguales, que jugaron y perdieron
en juegos que Funda no juega, son su mayor fantasma, explica Esiquio
a Él y a Cualquiera, como quien no quiere la cosa.
Funda no lo escucha. Ensimismada en su monólogo, continúa:
-Parada, igual que tantas veces, en este brocal de trance donde
la amenaza de siempre golpea mi pecho. Soy el centro
de una aureola portátil
que se esmera en perforarse.
Nada comprendo de las preguntas y respuestas
de la luna, lo dije infinitas veces. Sólo las he visto estrellarse
en la cercanía de algún piso. Y aguanto adentro de tales circunstancias
como una pequeña mujer rellena de amorosas melodías
con un corazón repugnante de tan desvalido.
Recuerdo aquella noche, cuando el mar se posaba en la lámpara
del Muchacho agitanado, sus sonrisas brillaban en unas guirnaldas
que alguien (seguramente un ángel) se esmeró en colocar
dentro del aire. Esta noche, en cambio, el cielo no
logra mezclarse con la luz. Y la lámpara es la misma, el reflejo
el mismo. Cualquiera y yo, salvo escasas diferencias, seguramente los mismos.
La intranquilidad la misma, los motivos iguales -y distintos
según se trate de Cualquiera, o de Él, según sea yo-. Hablo
del mar, hablo de Todos, hablo de aquel muchacho. Hablo.
Y esta memoria, que no me abandona. ..
-Fueron dibujados todos los datos posibles. Ahora quiero que Losquenuncafaltan dibujen mi reflejo adelante de la luna de la que hablo, le hace decir Ebelina a Funda cuando no puede más de destierro. Esiquio acompaña la moción con un descanso en la mirada.
® Mabel Bellante, 1995









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