
Yo veo a esa vida como a una seguidilla de aprendizajes simil-arte, según la oferta disponible. Hoy puede ser iniciación a la fotografía, mañana danza contemporánea, el mes siguiente artesanías al horno, en tres meses un cursito urgente de somelier. Mientras, en esta íntima mezcolanza mas o menos hecha desde ese típico ordenamiento femenil que impide notar que mas o menos tira a menos, se disimulan las verdades. Por eso no me gusta.
Al alcance de las manos está la superficie colmada de cuestiones cuya mayor característica es la precariedad, ese gen de lo transitorio que les permite pasar desapercibidas al instante. Ahí, tantas opacidades orgullosas de sí mismas! el culto a la facilidad y un despiste generado en el buen pasar. Y el alma, que no sale.
Pero no es ésta la vida que me resulta horrible/increíble, sino la risueña postura del que acompaña, que permite -al pasar, siempre sin compromiso- la idea de que semejante sindrome es motivo de orgullo. Asquean tantas interpretaciones cómplices que parten de la inexistencia creativa, o ternuras pasatistas que hacen invisible la esencia de "soy una copia", entre una resignada y oculta sospecha de que lo chapucero reviste cierta importancia.
El que acompaña ha cambiado de rostro, o los espejos vienen torcidos, o hay niebla en la ciudad. Mientras, el alma sigue sin mostrarse. Qué fuerte es el culto a lo mediocre.
-Sin cargos, por supuesto. Se supone que lo tibio no hace daño, pienso mientras busco desenmarañar las diferentes sensaciones de tristeza que se anidan entre resignación, chapucería, disimulo, e hipocresía. Y entre olvido y perdón.
Pero, sí: mañana será otro día.
MabelBe
4 Comentario s:
De acuerdo. Reflexión certerísima.
Me gustó mucho lo de "El alma no se muestra, porque no le gusta lo que ve"
Pero dudo que esto se aplique sólo a la mujer. Nos está pasando a todos. Cada vez más. Copias aburridas. Más o menos...
los espejos sucios
los espejos torcidos
los espejos astillados
los espejos rotos
los espejos viejos
Querida amiga:
El frayle benedictino Benito Jerónimo de Feijoo (1676 – 1764), en su obra "Teatro Crítico Universal", dijo: "En grave empeño me pongo. No es ya sólo un vulgo ignorante con quien entro en contienda: defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a todos los hombres, pues raro hay que no se interese en la prevalencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha extendido la opinión común de vilipendio de las mujeres que apenas admite en ellas cosa buena.
"En lo moral las llena de defectos, y en lo físico de imperfecciones, pero donde más fuerza hace es en la limitación de su entendimiento …", más adelante añade: "Aquellos que ponen tan abajo el entendimiento de las mujeres que casi le dejan en puro instinto, son indignos de admitirse en la disputa. Tales son los que asienten que a lo más que pueden subir la capacidad de una mujer es a gobernar un gallinero. Sean respetables por otros títulos los que profieren semejantes sentencias, no lo serán por estos dichos, pues la mejor benigna interpretación que admiten es la de recibirse como hipérboles chistosas".
Doscientos cuarenta y cuatro años después tenemos derecho a cierto cinismo, a no mostrar el alma, aunque no así a la hipocresía, eso es ya cuestión de honestidad.
Me gusta la serie. Adelante!
un abrazo desde Uruguay
MaRosa
Más de doscientos años después, poco cambio. Las transformaciones históricas son hiper lentas. Pero, ese circo que rodea -interna y externamente-, tan satisfecho, boyante, halagado, contentito... ay ay ay.
Abrazo, marosa.
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