.
La despersonalización que sentí favoreció el recorrido: tengo un cofre con todo lo que fui perdiendo en el camino y que no se refiere a mí, en tiempos en que anduve por ahí sin preguntarme si esa era yo.
.
Quise ser esa entidad que a veces sale de adentro para contarme con un arrullo seco y perfecto sobre mis implosiones, y me asustaron mis manos portando un bisturí que nadie me enseñó a usar.
.
Luego, sin rencor, mis cadenas de diálogo se borraron impunemente, y destilé esencias de un nuevo paradigma.
.
No importan los desatinos, cuento con la atmósfera del romanticismo. Soy una hoja que nace en la palma de la vida. Heredo lo que me es inevitable y lo acepto. Reaparezco lentamente.














