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Gramática

. martes 30 de junio de 2009
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Si quiero decir que existo, diré: "Soy". si quiero decir que existo con alma separada, diré: "Soy yo". Pero si quiero decir que existo como entidad que se dirige y forma a sí misma, que ejerce sobre sí misma la función divina de crearse, ¿cómo he de usar el verbo "ser", salvo convirtiéndolo súbitamente en transitivo? Entonces, triunfalmente, antigramaticalmente supremo, diré: "Me soy". Habré dicho una filosofía en dos pequeñas palabras. ¿Acaso no es preferible a no decir nada en cuarenta frases? ¿Qué más se le puede exigir a la filosofía y a la dicción? / Fernando Pessoa = Bernardo Soares. Libro del Desasosiego.

Nosotros, los pobres

. lunes 29 de junio de 2009
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El pensamiento suele volverse un patrón que obliga a la reiteración.
En ocasiones se piensa compulsivamente que la familia es la base y que sin ella nos caemos en picada por un agujero como el de la mina de Chuquicamata. Si es el caso y nos quedamos sin familia, bueno, ya tenemos donde ir a terminar líricamente. Si estás más cerca de Rusia que de Chile, tenés la mina de Mirna. La naturaleza sigue velando por todos.
Es muy fácil otras veces obsesionarse con el trabajo. La vida pasa a ser tamaño oficina, maletín o sillón de escritorio, y el nombre de lo supremo es Eficacia. Un valor multiplicado por la inexistencia del futuro: lo único cierto que vendrá con peso. Indiferente a cada uno.
Para algunos la política es muy importante y hay que resistir, resistir, resistir, resistir, asistir, resistir, existir, persistir, no: resistir, era resistir... ¿resistir? ¿a qué había que resistir?.
Para otros la política es igual de importante por lo tranquilizador que significa el poder y el dinero fácil. En ambos casos, eso sí, se logra casi idéntico resultado, queda flotando confusión y desperdicio. No hay que burlarse de esto.
Una vida puede fácilmente basarse en el pensamiento religioso -dirán que es sentimiento pero no nos importa eso ahora - y es fanáticamente posible ocupar la mayoría de las horas rezando para pedir desde la paz del mundo hasta que el jefe falte por una semana o desde salud para el amigo que padece cáncer hasta sacar la lotería. Sin más comentarios, que tengo amigos que creen que rezando les aparecerá la comida, el amor, el trabajo, y la salud.
Se puede existir totalmente desatinado, y llegar a viejo y sano.
Se puede sostener una existencia en una creencia que tal vez no sea del todo errónea para gran parte de todos nosotros, pero que no tiene el valor significativo que se le quiere dar. Es más, así vive la inmensa mayoría. Quién puede sin dudar asegurar que a ésto -por lo que está luchando- vino, en un ciento por ciento.
Entonces, como siempre me pasa en este tramo, se me sienta la cursilería al lado, y una tristeza regalada con ojos de gato caramélico me envuelve como con una manta de lino [son esos insignificantes huecos, que sólo permite la tela cuando es común, los que dejan ver que del otro lado no hay nada ¡nada! podés creerlo?] Qué sorpresa.
Toda reiteración se vacía en sí misma y al cabo de un tiempo cuesta mantener su parámetro en la línea del horizonte y su concepto sin contaminación.
La mayoría es nuestro único y lamentable parámetro. Pobre de nosotros!
Pobre de mí. Y de vos. Y de ella, y de la otra. Y de aquellos otros, los que andan riéndose por allá, atrás de la pantalla de los modos y cortinas que tapan plantas o techos.
Tu pensamiento es tu patrón. El que te obliga a interpretar con yerro tantas veces. Por eso mismo buscás al similar para sentirte más fuerte y más cuidado. Familia y parentela. Trabajo con sillón. Rezo y espera, siempre espera, espera, espera, espera. Política de búsqueda y deseo de otras cosas que-no-existen-ahí. Y no valés nada, al fin y al cabo. Fijate cómo te vas difuminando mientras corrés cargando desgracia a la deriva. Variables que transmutan o que engañan o que no estamos capacitados para comprender.
Cuánto habrá de nosotros mismos en nosotros. Cuánto habrá de mí en mí. Cuán del universo, del medio ambiente, de mi profesión. Cuán de mi oficio, de mi familia, de mis dioses, de lo que me gusta o emociona, o me da asco. Qué, de lo que no conozco. De lo que no conoceré.
Cuánto queda de mí en mí después del vaciamiento y la resaca. De la soledad que tanto miedo da.
No me sé. Puedo afirmar que no nos sabemos? Qué es lo que sabemos. Tu realidad, es la misma realidad que la de quién o quienes? ¿Queremos convertirnos en oración, en eficacia, en consorte, en dinero, en política, en el gato cursi, en nuestra propia importancia descajetada? ¿o queremos llegar al fondo del derrame, tocar lo que no se hunde, poder decir "de aquí para abajo ya no hay más ¡por fin!"?
Sospecho que hay algo de temor ante la pérdida de la esperanza de lograr algunas metas. La realidad. Sugiero una huelga al pensamiento, para ver si realmente existe.
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MabelBe

Alma

. jueves 25 de junio de 2009
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Si no fuera un hecho de experiencia que los valores supremos residen en el Alma, la Psicología no me interesaría en lo mas mínimo, ya que el Alma no sería entonces mas que un miserable vapor. Yo sé, de todas formas, por cientos de experiencias, que no es nada de eso, pero por el contrario contiene los equivalentes de todo lo que ha sido formulado en el Dogma y mucho mas, lo cual es lo que le permite ser un ojo destinado a contener la luz. Esto requiere un rango ilimitado de insondable profundidad de visión. C. G. Jung / El Alma.

Debilidades

. viernes 19 de junio de 2009
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Busco afirmarme en la esencia que habita adentro de la tierra. El universo de las propias emociones es una playa lacerada por las sacudidas del mar en plena madrugada. Qué poco útil.
No cuento con victorias. No cuento con amenazas cumplidas. Seré inofensiva?
Busco un lugar donde quedarme para descansar del dolor [maldita sea la evidencia] y los espacios que mueven mis colores se descubren ocupados. Así que me debilito otra vez. Qué mina pesada, qué tortuosa! sólo fluyo escabrosamente. Qué poco útil.

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MabelBe

Lecturas

. lunes 15 de junio de 2009
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No voy a repasar la índole de las interpretaciones que se me ocurrió dedicarle en el lento decurso que posibilitó que comenzara -un comienzo que nunca termina- a ser padre de sus hijos y no el quejoso hijo de un padre despótico. Y alguna vez aparecieron lágrimas por el humanizado padre perdido, y alguna vez encontró la instancia paterna. Y lo patológico de un duelo constante, interferido obsesivamente por innúmeras formaciones reactivas, dejó cierta luz para que el padre de familia, esposo de su mujer, tomase precarias cartas en el asunto de su vida. / Carlos D. Pérez. Tiempo de despertar.