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Exploro el tiempo de las aguas subterráneas en una arqueología de datos superfluos, sólo para acercarme a las indicaciones. Y seguir ...
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Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse "memoria poética", y que registrara aquello...
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Calles con alambres, adomecidas, los perros tienen pelaje descolorido. Al fin. Bar/panadería, una chica gritona limpia el mostrador, co...
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Psique es la menor de tres hermanas hijas de un rey de Anatolia. Una princesa cuya belleza es indescriptible. Todas las mujeres la envidian...
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Vienen cambios profundos
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domingo 30 de agosto de 2009
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Las cargas y dolores son creaciones vuestras, no hay nada externo que los obligue a aceptar esas realidades, transformen esas realidades para vivir una nueva vida, y ayudar a que sus hermanos puedan descubrir como crear las suyas. / Jeshua.
Olvido, para que
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sábado 29 de agosto de 2009
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Visto desde adentro, pienso que escribí poemas honestos, que esa fue una época prolífica, con atardeceres merodeando la luna (aunque sin acercarse jamás) Después vinieron algunas confesiones y la unión por contagio del vacío de los huecos entre películas diferentes, hasta llegar a la mentira del dolor. Hoy, alguna tarde cruza esta cuestión brutal volando por mi memoria y de inmediato la incorporo mientras los silencios dicen "ya basta de tanta fastidiosa orfandad".
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Visto desde afuera, desde el espacio exacto que abraza lo que parecía inolvidable (pero que, como todo lo que se abandona, se vuelve olvidable) el recuerdo me clava los ojos, volviéndose viento huracanado en la aureola espiritual de lo ya ido hasta desaparecer. En esta mirada el descuido no existe, y entonces no puedo discutir sobre una historia adentro de un poema, sobre la falta de elegancia o de respeto, o sobre la lealtad, porque son apenas la parte descolorida de lo anecdótico.
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Visto desde afuera, desde el espacio exacto que abraza lo que parecía inolvidable (pero que, como todo lo que se abandona, se vuelve olvidable) el recuerdo me clava los ojos, volviéndose viento huracanado en la aureola espiritual de lo ya ido hasta desaparecer. En esta mirada el descuido no existe, y entonces no puedo discutir sobre una historia adentro de un poema, sobre la falta de elegancia o de respeto, o sobre la lealtad, porque son apenas la parte descolorida de lo anecdótico.
Así que me dejo estar y vaiveneo. Para aquí, para allá, para aquí, para allá. El recuerdo, el olvido, el nuevo abrazo, la lealtad, la deslealtad, otra sonrisa, el recuerdo, unos besos vividos desde el perfil. Y el olvido, que otra vez ha venido, en una nueva mirada, tibia y suave, de tarde de domingo y de Palermo. La cosa al fin produce gracia: absurdo, el recuerdo clavando sus ojos en lo grosero del olvido. Para qué.
MabelBe
Batalla y alas
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miércoles 26 de agosto de 2009
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Nos encontramos en el fondo del frente de batalla.
Agotados de tanta guerra
nunca terminamos de enterarnos
que el conflicto siempre estuvo a medio camino
entre
mi amor por vos, que buscaba no amarte
y tu amor por mí, que nunca supo de mis alas.
Agotados de tanta guerra
nunca terminamos de enterarnos
que el conflicto siempre estuvo a medio camino
entre
mi amor por vos, que buscaba no amarte
y tu amor por mí, que nunca supo de mis alas.
MabelBE
Preguntas
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martes 25 de agosto de 2009
4
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Una de esas personas cuya piel es un insaciable consumismo de energía ajena me pregunta con satisfecha complicidad: ¿cuándo fue que empezaste a tutear a la resignación, a sentirte cómoda con su copresencia? E inmediatamente me siento un oscurecido cimiento de la tarde. No sé que decir. Santo cielo, ¿es que puede haber una sensación más densa?
¿Desde dónde viene esa forma de violencia tomada como la actualización de un circo pobre de la infancia? ¿y todos esos seres, que se acercan como sin ganas adonde son recibidos de la misma manera, es que huelen energía conocida o que no tienen otro sitio adonde ir?
Hay una entidad silenciada en un rincón de mi alma que me anda frenando los sueños desde hace un tiempo, que ayudaron a conformar ciertas compañías y compadres. Pero yo, que aprendí a formar lazos y lazos de flores con una sola lágrima, me decido e invito a la reparación para que coloque su manto entre los ojos de todas aquellas formas que se encuentran ubicadas en espacios similares, como la violencia, las sanguijueladas, la resignación, los amores con sus limitaciones, cuestiones que no entiendo y que me apartan, y yo misma mirando vidrieras de baratijas pero deseando ir a jugar al aire libre.
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MabelBE
No nos perdimos de nada
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viernes 21 de agosto de 2009
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Por más que parezca cualquier otra cosa, sólo estoy midiendo el alcance de mis propios límites, la forma del poder, esa capacidad de regeneración y de acción sobre la que tanto escuché. Y cuando digo "venganza", no hablo de un estilo para herir, sino que busco resarcir del ahogo vaciado a mi alma asustada por los hechos, con el círculo refrescante del olvido a todo. El hombre de la mañana me deja hacer y espera.
Y es este mismo círculo el que me permite sopesar alcances, miserias, los disminuidos niveles de autoestima, agujeros defensivos de mis partes tristes a la deriva, el maldito inconocimiento. Pero, a la vez, me regala un rato donde la situación se me antoja y camina en mis caprichos.
No lo puedo creer. Se me multiplican los sentidos. Las piezas vuelven a ocupar los espacios que corresponden a los ojos que miran con una misma forma de mirada. Todo extraño por nuevo. Más extraño cuando la fuerza de la suavidad borra esa dureza que durante años venía cargando el aire.
-No nos perdimos de nada, Mabel, ni siquiera de los límites, ni siquiera de la venganza, me sonríe el hombre que transporta la mañana, con un ramo de flores coloridas en la mano.
MabelBe
Dios
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lunes 17 de agosto de 2009
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La verdad es una. Los sabios le dan varios nombres. Es un solo sol que se refleja en todos los pozos, es la única agua que apaga la sed de todos, es el único aire que mantiene toda vida, es el único fuego que brilla en todas las casas. Los colores de las vacas pueden ser diferentes pero la leche es blanca. Las flores y las abejas pueden ser diferentes pero la miel es la misma. Los cuerpos de fe pueden ser diferentes pero Dios es uno. Como la lluvia que cae del cielo se dirige hacia el océano, así las plegarias ofrecidas en todas las religiones llegan a Dios, que es supremo. / Wayne W. Dyer. Tu yo sagrado.
Buscador de lo ajeno
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domingo 16 de agosto de 2009
3
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Es alguien que dice necesitar la música del tren porque lo ayuda a palpar espacios que no aburran. También nuevas ciudades. La diferencia. Y confundiéndose a la valentía, un viernes por la noche parte en busca de algún paisaje que posea más saludos. A él le enseñaron que los saludos son algo principal.
Así, a bordo de extraños rieles, comienza un recorrido relleno de voces, trinos desgajados, semifusas que no llegan a talento, otros ruidos. Como él mismo.
Solo, saturado de ganas de cambios. Siempre ha esperado del afuera eso que le llene el alma. Por ejemplo, sus ojos constantemente preguntan cómo es posible elegir algo si al hacerlo hay que dejar de lado todas las otras cosas prometedoras que están allí. Así es como busca y busca, no cuida lo hallado, como si la condición de pertenencia restara importancia a su propia existencia. Lo suyo le aburre, le pasa con vehículos, con conceptos, con animales, con sensaciones, con personas, con sentimientos.
Comienzan a pasar las estaciones. Entradas, formas algo urbanas, campos, colores, frío y calor, ansiedad, euforia, ¡novedades!. Se suceden los letreros con el nombre de los lugares. Al leerlos y mirar en derredor, análisis del tipo "me gustaría vivir acá" o "no me gustaría vivir acá" se emborrachan en su mente. En tanto, generando sustancias internas, su ser engolosinado mantiene la atención primaria en esa superficie resbalosa que impide varias cosas, pero sobre todo comprender el grado de profundidad o superficialidad de lo que está sucediendo en ese instante.
Llega a la estación final. ¡Todos deben descender! dice la voz desde la descarga metálica habitual de los altoparlantes. Y obedece enseguida, como siempre hace con las primicias que irrumpen en su vida. Queda parado cerca del vagón, sin objetivo, esperando que aparezca el bálsamo que cure el eterno malestar, mientras continúan los sonidos, trozos de canciones, disfraces y la parte cursi de los corazones (cáscara que abraza, que repite lo mucho que ama).
Llega a la estación final. ¡Todos deben descender! dice la voz desde la descarga metálica habitual de los altoparlantes. Y obedece enseguida, como siempre hace con las primicias que irrumpen en su vida. Queda parado cerca del vagón, sin objetivo, esperando que aparezca el bálsamo que cure el eterno malestar, mientras continúan los sonidos, trozos de canciones, disfraces y la parte cursi de los corazones (cáscara que abraza, que repite lo mucho que ama).
Él sabe bien por qué no le alcanza y enseguida se aleja, está acostumbrado a este tipo de escapes porque ha tenido experiencias de cierto éxito dejando pasar un tiempo y volviendo como si nada hubiera sucedido. No le importa que el miedo sea algo terrible porque hace conformar a veces y a veces huir, sostiene que el miedo no es zonzo. Y cuando cree que es su tiempo de cosecha, se empapa en eso, está seguro de que no volverá a aburrirse de su mirada nunca mas: así le sucede en las subidas. Las bajadas son otra cosa, ahí entran a jugar los que son descuidados luego para ser finalmente olvidados.
Es alguien que nunca se pregunta dónde ha dejado, cómo ha sido construído, de qué forma hay que cuidar, qué es lo que une a la vida. Observa fotográficamente el espacio. Han pasado ya unas horas. El único horizonte es ese anden, y algún recuerdo actualizado que lo lleva a creer haber conocido muchas ciudades. Rememora, como un disco de una sola canción, con una sonrisa satisfecha las manos en alto moviéndose a su paso, contestándole sus simpáticos gestos de holaholaquetalcomovatodoamigo!? Estas cosas le permiten holgazanearse, y así va tirando sin hacerse cargo de sí mismo.
Es alguien que nunca se pregunta dónde ha dejado, cómo ha sido construído, de qué forma hay que cuidar, qué es lo que une a la vida. Observa fotográficamente el espacio. Han pasado ya unas horas. El único horizonte es ese anden, y algún recuerdo actualizado que lo lleva a creer haber conocido muchas ciudades. Rememora, como un disco de una sola canción, con una sonrisa satisfecha las manos en alto moviéndose a su paso, contestándole sus simpáticos gestos de holaholaquetalcomovatodoamigo!? Estas cosas le permiten holgazanearse, y así va tirando sin hacerse cargo de sí mismo.
Tan tomado por la euforia está que no entiende que jamás ha entrado en algún lado. Sigue sin tener idea que sólo ha visto de lejos carteles de bienvenida. Repite, en su dormidera, que necesita la música del tren y que los saludos son maravillosos.
MabelBE
Sendas
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jueves 6 de agosto de 2009
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Todas las sendas son iguales; no conducen a ninguna parte. Son senderos que cruzan el matorral o se internan en el matorral. En mi propia vida puedo afirmar que he recorrido senderos largos, muy largos, pero no he llegado a ninguna parte. Hay que preguntarse a uno mismo: ¿tiene corazón este sendero? Si lo tiene, el sendero será bueno. Si no, no sirve. Uno significará un viaje alegre, mientras lo recorras serás parte de él. El otro puede arruinar tu vida. Uno te hará fuerte, el otro te debilitará. / Don Juan, un guerrero Yaqui, según se lo contara a Carlos Castaneda.












