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Tambaleando prudencia
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domingo 22 de marzo de 2009
Estoy en la sala de espera, paciente esperando su turno. Unas voces ignorantes de mi presencia comienzan a hablar de mi historia, ante otros que también están allí. Pienso en hacerme carne con otro de esos arranques a los que estuve acostumbrada durante mucho tiempo, pero no quiero trastocar intimidad por supuesta dignidad, y al instante recuerdo que no hay que confrontar en sitios públicos porque la confusión se vuelve infinita. No seré personaje principal de una tragicomedia, sobre todo en tal delicado caso donde, a pesar de pertenecer, no conozco exactamente como sucedió cada capítulo.
La puntada de dolor que recorre el pecho hace que descubra un nuevo sitio para permanecer, profundamente atrapada pero a salvo, cuando las circunstancias son grises. A la vez me siento insegura, yo no nací prudente.
Las emociones rebotan cuando dicen mi nombre y apellido para que vaya al consultorio. Se genera un fuertísimo silencio. Tengo que pasar por ahí. Lo siento como un pasillo angosto y con pinches. Saludo, no se me ocurre otra cosa. Las voces me responden el saludo, incómodas. Llego al consultorio. En la sala de espera queda el color de una crianza, valores que nunca se llegarán a conocer, rabias viejas, decisiones desacertadas, y el silencio.
Inquieta y abrumada, coraza detonada, sentada y con frío, en una sala de espera. Una historia de familia, los que perciben brutal y parcialmente, y nuevas actitudes asomando entre estigmas transmutados. Hay calamidades raras: se visten de fortaleza.
MabelBE










2 Comentario s:
No puedo más que dejar constancia, de lo encantada, atrapada y subyugada, que me siento al leer y leer "post" tras "post" en tu maravillosa bitácora. Lo que he leído en Predicado, me trajo hasta aquí y no me arrepiento, ahora te sigo.
Saludos.
Migdalia
No sé cómo entré en Predicado, sí sé cómo salí, jajajaaa.
Gracias Migdalia!
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