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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

miércoles, 24 de abril de 2013

52. Alas adecuadas


Hoy me levanto intuyendo lo que sucede. Mis sueños. Abro los ojos y, como frecuentemente ocurre en la serendipia de esos momentos, aparecen las margaritas frescas, de pétalos enteros, que suelen tintinearme revelaciones.
Abro los ojos pero esta vez inmediatamente lloro a un nuevo desconsuelo sin poder hacer otra cosa. Recuerdo la primera campanada: parada en un sitio muy alto, al lado de un árbol y de alguien con jean, mochila, y su modo acompañado por la brisa. Abajo, el barranco con paisaje natural e impresionante. Él relata en forma suave intimidades de la vista y me incluye en la mirada.
La segunda materializa una escena donde me deslizo por una ruta familiar. En los costados y a lo lejos, los árboles y etcéteras del horizonte asumen siluetas y colores entre estructuras mágicas que cautivan y perduran. Hay sangre en el interior de cada entidad, y cada sustancia posee el mismo color de la bondad humana.
Así voy aconteciendo situaciones, implacables estilos que portan nosequés. Aromas que empujan violentamente las persianas para entrar en mi casa y abrazarme la espalda, lápices escribiendo en los límites del alma que me muestran hacia donde ir, brazos de aire sujetando balcones a punto de estrellarse en este cerebro de vereda abandonada. Miradas. Elecciones. Señales esparcidas entre la madrugada y la mañana. Alas que se mueven de diferentes maneras, alas adecuadas a los tiempos. Es una costumbre que tiene mi espíritu, yo pienso que es su forma de jugar.
Hoy las margaritas acercan conciencias abismalmente añoradas. Inalcanzado, inalcanzable, su encanto es diferente esta vez, raspa el corazón. Como si buscara un tesoro desperdigado por cualquier parte de este todo ilimitado. El universo es lo más grande que se conoce por aquí, y yo me siento un cachorro al que obligan a vivir en un mundo de perversiones propias de aristócratas huecos de espíritu que defienden su ambición, o semibestias. Rodeada de semejantes malditos sin sexto sentido, miro cómo se desvincula el amor.
Otra vez me pregunto cuándo el ahí se ha vuelto por aquí.
Me levanto y quedo stand by entre la intuición y mi pequeñez mientras las campanadas son cada vez más duras y las margaritas tan frescas como siempre. Y el tiempo avanza, y su propia actividad simbólica...
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MabelBe / Campanadas

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