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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El aire puro es celeste

Acostumbraba a nombrar para protegerme de lo nombrado, como si la boca fuera una amenaza siempre a punto caramelo. Temía un contagio en masa de mis órganos. Los imaginaba violeta de tan oscuros, pecho, sexo, corazón, hígado, cerebro, ojos, pulmones, piernas. Y el aire de afuera era para mí de un azul subyugante, pero sin transparencia, lo imaginaba celeste.
Luego pasé a nombrar para apropiarme. Años preparándome en la idea de que los prodigios tenían la frescura de una irreductible lejanía. En este punto estábamos, jodidas mi alma y yo, cuando en una de esas acostumbradas sombras de tarde me enamoré. Por fin.
Los labios no aparecieron. La implosión me dejó ver un lugar adonde iba a parar toda el agua de lluvia de primavera. Fui un aljibe durante mucho tiempo. Hasta la disolución de los deslumbramientos caminé en círculos, recapacité apenas sobre mi voz, su aurora y el cielo, esperé que se evaporara lo necesario para ser feliz. Pero la gran masa de nombres se mantuvo, maldita, torrencial y ardiéndome, percibí el cadáver olvidado en la alacena como la parte de mi cuerpo que nunca más estará, pude ver cómo se superponían los distintos aromas de los caminos mientras yo no atinaba a moverme de este cruce en el que todavía estoy parada, porque no puedo dejar de pensar que el aire puro es celeste.
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MabelBE
Y no nombro al sol.

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