La obra debe ser pensada como un suceso en el tiempo. No es un objeto o una entidad real. Sucede durante la compenetración del lector y el texto. El lector trae al texto su experiencia pasada y su personalidad presente. Bajo el magnetismo de los símbolos ordenados del texto, él dirige sus recursos y cristaliza, con la materia prima de la memoria, el pensamiento y el sentimiento, un nuevo orden, una nueva experiencia que él ve como el poema. Este llega a ser parte del flujo perpetuo de su experiencia para ser reflejado desde cualquier ángulo importante para él como ser humano. / Louise Rosenblatt.
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viernes, 25 de enero de 2008
martes, 8 de enero de 2008
lunes, 7 de enero de 2008
Y no quiero moverme de aquí

acepto la pérdida.
Al fin y al cabo soy un argumento
que cae y se reparte blandamente
como la miel en el te de la mañana.
Que fácil había resultado. Ubicada
en el presente
me transformo en un augurio
que pregunta si eso que flota ¿en
la nada?
es un espejismo que se desvanece
entre sí
o en mí.
MabelBe
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