Un hombre llega cuando se está terminando de completar la penumbra primaveral que se percibe en el aire. El aroma de las flores del paraíso puede casi tocarse, su peso rodea el cuerpo de esa mujer, inclinado como acompañando la caída de cada cabello roto. Antes de mezclarse y desvanecerse entre los naranjas y lilas, el azul ausente de los pétalos en el piso emula a una mirada de hace mucho tiempo.
Obligado por la brisa a punto de descomponerse en el atardecer, se sienta para mirarle los gestos mecánicos que organizan el vuelo de dientes negros. El peine aparece y desaparece entre los enredos de su alma, y ella, sentada, con esa postura ida tan suya, recorta sombras sobre el vestido generando violetas que se pierden. Él, intimidado, la siente como un mundo adonde nunca podrá ingresar, se le hace más fuerte adentro. No sabe cuándo comenzó la noche. Los chasquidos retumban en el cielo y en el pecho, sin diferencia alguna.
MabelBE
Esa postura "ida" es fuera de lo que la rodea?...y las violetas?...Azul oscuro el escrito.Provoca imágenes por eso esta bueno.Saludos cordiales
ResponderBorrarnada está afuera de ella
ResponderBorrargracias