Trataba de imaginarse a Alice (pero no su aspecto físico, sino, de ser posible, todo su ser en conjunto) y de pronto se le ocurrió que la veía borrosa. Detengámonos en esta palabra: borrosa. Alice, tal como Eduard la había visto hasta ahora, era, pese a su ingenuidad, un ser firme y claro: la sencillez de su destino parecía ser la justificación de su actitud. Eduard hasta ahora la había encontrado uniforme y articulada; podía reírse de ella, podía maldecirla, asediarla con sus astucias, pero se veía obligado (sin pretenderlo) a respetarla. Ahora, en cambio, tenía la impresión de que las opiniones de Alice no eran en realidad más que algo que estaba adherido a su destino y su destino algo adherido a su cuerpo, la veía como una combinación casual de cuerpo, ideas y transcurso vital, como una combinación inorgánica, arbitraria e inestable. / Milán Kundera. El libro de los amores ridículos.
..................................................................................................................................................
-
En un descanso, azar de los minutos me descascaro, estatua de cansancio y así, un tiempo igual, tan gris, tan rancio explota en mil estig...
-
Psique es la menor de tres hermanas hijas de un rey de Anatolia. Una princesa cuya belleza es indescriptible. Todas las mujeres la envidian...
-
Le escribo sobre mi intención cierta de borrar huellas de pasado con ruegos dirigidos a la naturaleza de otra vida, porque intuyo que la ...
-
De todas las cartas (género literario "Carta de amor"), las dirigidas a los amantes, esposas/os, novias/os, y un más extenso del imaginad...
..................................................................................................................................................
.









0 Comentario s:
Publicar un comentario