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Mary Reilly
Podrás verme en la mirada que poseo esta noche?
Podrás no intentar mi muerte para seguir siendo mío?
Serán mis labios los que impidan tu suicidio entre mi ausencia?
El amor vence a la hazaña y a cualquier deseo virgen
que no aclare sus mañanas.
El amor vence penumbras
que padecen añoranzas del vacío.
Sigo ingenua. Ya me asusto
de malicias, de congojas, de nostalgias.
Ya me asusto de la muerte y tu piedad.
Ya me asusto en tu veneno. Pero vuelvo.
Aquí estoy, aunque no entiendo.
Aquí estoy. Aquí, mi llanto, que te dice ya que sí
.
que siendo fresca, colorida, siendo sabia
soy decoro
y soy tinieblas. Me preguntas ¿podrá ser tu consecuencia
el perdón y la dulzura?
Somos lazos. Una muerte que no nos salva la vida.
Somos lazos de una vida permaneciendo a los días.
Los lazos son la respuesta.
La elegida, esa soy yo.
Deja entonces de importarme lo que el mundo piense
o que el mundo me piense.
Y me voy tras de mis huellas
porque antes de haber nacido ya sabía perdonarte.
.
.
Poemas libres de Miel / Observando a Mary Reilly
En el último renglón
sobre el alba desnuda de la almohada,
destacando la estrella más guardada
que descansa al final de los desiertos.

esa condición sensual al ser vaivén
de un sol espejado; no preguntar ¿a quién?
y en la mano siempre abierta, un caramelo.
Así se agrega a los ojos la infancia.
Va el amor junto: aventura y viaje.
Alados pies sedientos de paisaje
siendo la savia de una dulce historia
y qué fiel ronda la vida en la memoria
con su sonrisa en el último renglón.
Ebelina 20
Un poster. Allí, un personaje-persona colgado que
piensa en Funda con misteriosa lealtad.
En tanto, los aerolitos giran y giran
en la más completa indiferencia. En un momento, algo
cuyo cuerpo es otra cosa
llama a la puerta y deja un amanecer tirado en la vereda.
Funda sale, no ve a nadie, comienza a mirar para los costados, y se decide a limpiar la calle con preguntas, mojándola con frases casi incoherentes y con agua roja. A lo lejos, el viento corre a un universo
que huye. Ebelina, a un costado, recatada, lo sigue con la mirada, preguntándose sobre disgustos y sobre felicidades. El ensayo no la satisface. Lo convierte, entonces, en baldío. Y
mientras intenta remendar la rotura del grito de Dios, una curva
perfecta
ata las distancias.
En tanto, el inolvidable personaje no sobrevive al eclipse ni
a los bajorelieves. El personaje-persona se cuelga del poster.
En la vinchita de tenis sobre la frente de aquel que se llama
Muchacho agitanado
se lee la leyenda Lover Man.
.Pero Ebelina parece contenta hoy. Acaba de leer que en torno a Beta Pictoris llueven lunas con forma de seres. Que allí cada chica encuentra a su príncipe azul.
® Mabel Bellante, 1995
A merced
Serie: DevadalesHermosa, la poesía
Resistencia
Ser como un cirio
cansando las rodillas del tiempo.
El cirio que acompaña el cuerpo de la gruta infantil murió
y estos ojos no iluminan regresos ciertos.
Basta de misterios, basta de pasados comprimidos. Ser
un barranco de sueños olvidados y lleno de adjetivos ya no rinde.
En el cielo no hay castillos, sólo pabilos secos.
Atardece sin mentiras, sin apuro. Sin frío.
En el ventanal más alto de lo inexistente un pájaro agoniza
cansado de planear esperas y de escuchar risas lejanas.
Me retraso, desnudo, no me asusto tanto. Espero el castigo
de la oscuridad, una distancia entre verbos
sin querer.










