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La ronda

. martes 17 de agosto de 2010

No quiero comprometer el alma. Desde este espacio es que salgo cuando sorpresivamente muestro partes de mí, en acción, en retardo, y en desgano. Tampoco me gusta ser vidriera ante el otro. No me pone cómoda especular con los deseos.
No me gusta ver la evidencia, como si fuera un espejo, con las limitaciones propias de un tiempo que empieza sin alegría. 
Y entre todo este "no", percibo un último rayo de sol que, desde el patio, pasa por el vidrio de la ventana de otoño, y cae descansado sobre mis hombros. Las mascotas estarían somnolientas.  
Luego, el color naranja, verde seco, blanco, de las paredes; y las imágenes que cuelgan. El término compromiso se corre de lugar.
Tengo adentro parte de la energía que vive en ese patio, en este cuarto. Soy yo misma que, cuando agrego un ser, queda un árbol de coraje enraizado para siempre en las entrañas. La forma en que es plantado, siempre cerca del ojo de intuición y del agua de la vida. 
Y en la tibieza de cada uno de los ambientes, libros. Soy yo en cada página. O la melodía de sahumerio sobrevolando el trasluz del cuarto para pintar. Qué dulzura constante, ahí, donde quiero envejecer, yo misma, con todo. 
Yo, que en mi deseo me visto de objetivo sutil, como encarnando la naturaleza de mi alma y la de los otros en una misma ronda de niñez perpetua, y amo.


MabelBE