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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Ocasión

Estamos hechos de la carne del tiempo, no hay duda de eso. Somos tiempo. No hay aprendizaje más decisivo que ése: el llegar a saber que todo fluye, y nosotros también. El tiempo es el descubrimiento de mayor trascendencia para la conciencia, el más dramático, el más agudo, el más insoportable, el más angustioso. El tiempo es la marca de lo fatal, pero, a la vez, es el lugar de la ocasión. El lobo y el bosque, todo junto. La ocasión es, digamos, una grieta en el tiempo, una brusca expansión del instante. Una isla que obliga al agua del gran río fluyente a pegar un rodeo. Significa un pequeño brinco de libertad, un ensanchamiento del horizonte, un nuevo punto de vista. Todo puede convertirse en ocasión, nuestro propio cuerpo, la ciudad, el paisaje, las demás personas, las ideas, todo "lo que está ahí", sea lo que sea, puede abrirse en ocasiones o permanecer cerrado y mudo, ajeno. Puede encenderse en significaciones o quedar inerte, presa ciega del tiempo. / Graciela Montes. La ocasión. Conferencia de 2002, en la Feria del Libro Infantil y Juvenil.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Amor

Quedé asombrado al ver que no había maldad en ningún alma. Las gentes pueden hacer cosas terribles debido a la ignorancia o a carencias, pero ningún alma es mala. "Lo que la gente busca, lo que la sustenta, es amor", me dijo, "lo que distorsiona a la gente es la falta de amor". Por esta razón hoy soy confianza total en el proceso de la vida. / La experiencia de muerte clínica de Thomas Benedict Mellen.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Lectura, viajes, amor



Que al ser humano le apasiona viajar es una cuestión que nadie discute. Desde siempre. El por qué, es más complicado de explicar porque los viajes son parte indisoluble del espíritu y, ya se sabe, el espíritu es algo escurridizo. Tal vez sea que concede el hábito de vivenciar colores, hasta entonces ignorados, y a la realidad del mundo, dentro de la dimensión vital que encierra cualquier viaje, y esto es algo que todos deberíamos vivir. Tal vez sea que viajar es una actividad física, una actividad psíquica, y una actividad espiritual, constantemente interrelacionadas, en continua transmutación. Como el amor. Como la lectura.

Pienso que todo paisaje es como un libro, que admite amorosamente miles de lecturas y permite que cada paseante resignifique -en ese presente original- el suelo donde está parado, otorgándole un sentido especial a partir de la propia experiencia personal.

Así como la lectura forma, transforma, informa y conforma, colocando al lector en perspectiva con lo que es íntimamente, enfrentándolo a su propia esencia, cada paisaje que ingresa al ánimo del viajero es una nueva herramienta para su vida, la que lo acunará y sostendrá imprimiéndole energía cuando sea necesario, la que le permitirá reinventarse a través de la enseñanza de lo vivido a lo largo de su existencia.

Cada individuo es un universo, una suma de paisajes que sus ojos aún no miraron. O una búsqueda propia del mundo, cada vez que imprime su mirada personal a cada horizonte. Hay viajeros a los que les encanta la ciudad y las calles con sus vidrieras, los hay exploradores de paisajes característicos, mientras que otros buscarán conocer las costumbres mezclándose con la gente del lugar. Y asimismo, cada sitio posee una energía determinada, única pero que actúa diferente según la persona. Viajar es una lectura, porque viajar es sentir el movimiento del entorno y la evolución de sí mismo adentro de la vida. Por ésto digo que cada viaje es una historia de amor, con el entorno, con el paisaje, con la cultura y el arte del sitio visitado, con el aire y con los atardeceres, con el aprendizaje.

A dos personas les puede gustar mucho el mismo sitio, ponele Merlo, en San Luis, y cuando les preguntas que es lo que le encuentran de maravilloso, una te dirá que la energía del lugar y su gente, otra te contará acerca de la mansedumbre de sus pájaros, como habrá quién retiene el color indefinidamente bello de sus cerros y quién se maraville con el águila que baja a comer todos los días a la misma hora. Igual pasa adentro de varias personas que leen un mismo texto.

El viajar nos entrena la capacidad, la aptitud y la actitud para ver lo nuevo, lo extraño, lo no cotidiano. Nos cambia la mirada, como cada historia de amor. Nos permite el milagro de la resignificación, como cada nueva lectura. Viajar nos vuelve más maduros, más profundos, más humanos; hace que nos sintamos más cerca del mundo porque conocer un poco más el mundo que nos sostiene es conocernos más a nosotros mismos, con una manera que no se circunscribe a ningún lugar concreto y se asienta en algo más profundo: su esencia maravillosa, la que deja la huella interna, ese gusto a cosa insuficiente e imperfecta que impulsará al próximo viaje; y así… porque el viajero asume como propia la aventura de sentir que siempre habrá una emoción para emprender, como un lector ante el libro, como cuando sentís cerca al amor y le sonreís.


MabelBE ·  2008

viernes, 4 de septiembre de 2009

Suelo básico


Suelo abusar de alguna especie de talento en contra, del tipo anteojos de aumento sobre la nariz para trapichear la mentira o esas posibilidades simuladas que me vuelven la boca del muerto que camina y saluda desde lejos con un beso.
Ya sé que si me ubico "detrás de", el pensamiento no podrá lo que desea y tiene. Y que en ocasiones soy como ese vecino que baja de la cama reivindicando cruces mal paridas y se inicia en la maldad por un fatal debilitamiento anímico. Lo miro al vecino, lo escucho, lo abrigo, lo soporto. Por miedo a las heridas me disuelvo en ese tumulto del que no formo parte [que es la vida del vecino, que viene y cuenta, cuenta, cuenta].
Ya sé que suelo ser un ente descolocado de la edad que me sugiere el mundo. Es una cuestión del tiempo curioso de las capas de sensaciones de mi nacimiento, algo en lo que no pienso interferir.
Pero si no se ha borrado la melodía de mi espalda, la niñez en mi cerebro, el color de las flores en mis ojos, mi sonrisa de sobreviviente, es porque tarde o temprano lo verdadero renace con fuerza renovada, a ésto también lo sé, sucedió ya muchos mediodías (Ebelina dixit).
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MabelBE
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