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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

viernes, 18 de noviembre de 2016

El borde floreado

Cuando soy la evidencia de la necesidad de un lugar donde quedarme, grito la sorpresa de sentirte como el universo donde caen los anhelos poéticos que elijo transformar en vivencias [pero qué porquería que mi sombra no esté a la par de lo que cuesta ser sustituido, y sea apenas una dulce compañía de mi escapismo].Cuando me habilito para seguir el camino con flores, tus colores acompañan mis pasos a condición de no cargar penas y ésto dificulta abrir una guía donde buscarme. ¿Cómo salir de una posición implantada entre semejante caudal emotivo, si cada vez que borro fronteras tenés guardado mi número en tu alma amarilla, me llamás en rojo [me gustaría creerte ese gesto que tanto me gusta], y al instante de la evaporación sé que es eso exactamente lo que espero, sueño en efímero. Me esfuerzo por el borde floreado, más todo lo dicho [claro, nuestra ausencia] sobre el protagonismo de historias que se quieren teñir con amor. Y, por lo que sea, no llegan más que a fuerza opaca de un gesto.

MabelBE
serie la boludez

Juego 41


Vocabulario ajeno, visión comercial del "no sos vos pero engaña". Incomprensibles de tanta hiperrealidad, los procesos esenciales son todos independientes.
Hasta que un día, por fin, nos defendemos.
Así con todo.

Juegos / MabelBe
un antes y un después

lunes, 7 de noviembre de 2016

Los perros de Hashima y el lago Bled

Siempre hay un perro al lado de lo que va dejando de importar, de lo que se vuelve más duro cuando no aparecen alternativas. Ni hablar de la nostalgia que producen las sombras de los árboles sobre el campo al caer de la tarde. No son felices ni en la niñez. Nunca quise estar en esas agonías de la hermosura cuya principal característica es la ajenitud. Será por eso que busqué ser como la isla sin nombre del lago Bled. En el alma me quedó grabada su forma de lágrima, que me recuerda a Hashima.
Yo hago latir la capacidad de ver vegetación rugiente, de músicas y sonidos conviviendo entre la voz humana, bajo techos siempre recién pintados y niños que arrojan piedras y risas desde la orilla.
Esta Hashima sin la irrealidad obtusa de silencios diminutos se ubica en el Bled, y sube por la escalera que ocupa gran parte de su suelo y bienvenida, ya sin la inutilidad del cuento de hadas pero siempre con un perro, compañero de la intemperie.
Es duro, más lo que cuesta reinventarse después, cuando no están las alternativas debidas. El dolor de vivir en el inconsciente colectivo. Ni hablar de la nostalgia que producen las sombras del atardecer en los árboles del campo.
Que suerte que existan los perros.

MabelBE

domingo, 6 de noviembre de 2016

En más


ronda invisible

adentro de una bestia que espera el momento 
en que su inflexión le avise

que ya puede atacar

no llega de imprevisto
pero atrás suyo los caminos desaparecen

es fuerte
y a pesar de eso nunca triunfa

MabelBE

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