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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Borges. La noche cíclica

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»

lunes, 14 de agosto de 2017

Campos

Te abandono en la esquina cursi
del reordenamiento universal
y se forman campos secos en la noche.
¿Por qué chorrearás esa emoción
 que desgrana en dos ojos seductores

más la gesta del refuerzo?
Y soy blanca, como una estatua brotada de azucenas
que empuja lo indecible
sabiendo que merece más, algo como
una imagen que no desaparezca al acercarse

al etcétera de lo ajeno y lo soñado.
Son muchas nadas carcomiendo sin aviso
que infestan y te infectan con ese raro amor
que buscás y que parece que no existe
Y sos una ida bajo el amanecer gastado de tu propia repetición 
con la vuelta prohibida.
Pero está mi simpatía
que huye a plena carcajada
y se vuelve visible
en el miedo 
de esta yoica estupidez abandónica, vestida de pájaro
e intermitente, siempre ajena a fuerzas tenebrosas
de futuro
que siente los ahoras en la piel. 


Yo no quiero abandonarte
MabelBE

Procol Harum

viernes, 28 de julio de 2017

Entre palabras raras

Aún en el letargo que propone la bienvenida a enamoramientos que de tan lejanos son jugarretas, desde la reducción de la realidad con formas geométricas ténues, salto a la abstracción de emociones que mueven máquinas azarosas y melancólicas. No va a instalarse en mí ese reflejo en el tiempo, sólo me dejo encarcelar afuera de la jaula hasta que el tono caprichoso de su belleza borre las fronteras de lo irracional. Cuando quiero entrar, despierto, deforme y entre palabras raras. La pesadilla intenta parirme, pero soy irreflexiva y amo los finales felices, por eso me aborto. Aún en el letargo saludo con la mano en alto desde donde llegué volando antes que todos y yo misma, a salvar mi mundo.

MabelBE

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