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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Sombra de noche bajo el paraíso


Un hombre llega cuando se está terminando de completar la penumbra primaveral que se percibe en el aire. El aroma de las flores del paraíso puede casi tocarse, su peso rodea el cuerpo de esa mujer, inclinado como acompañando la caída de cada cabello roto. Antes de mezclarse y desvanecerse entre los naranjas y lilas, el azul ausente de los pétalos en el piso emula a una mirada de hace mucho tiempo.
Obligado por la brisa a punto de descomponerse en el atardecer, se sienta para mirarle los gestos mecánicos que organizan el vuelo de dientes negros. El peine aparece y desaparece entre los enredos de su alma, y ella, sentada, con esa postura ida tan suya, recorta sombras sobre el vestido generando violetas que se pierden. Él, intimidado, la siente como un mundo adonde nunca podrá ingresar, se le hace más fuerte adentro. No sabe cuándo comenzó la noche. Los chasquidos retumban en el cielo y en el pecho, sin diferencia alguna.

MabelBE

Afecto primaveral/animal

Otra vez la primavera, pero cambiada, se la ve como a una nueva estación que borra tiempos tenues. Primavera sin descanso. Afecto fuerte. Los animales lo saben porque no usan los tenues. Muchos humanos no lo saben. 
Lo tenue les es tan necesario, que puede llegar a emocionarlos, aunque a veces acompañe a las mentiras. Lo sé por experiencia. Muchas estaciones emocionan, pero ninguna tanto como la primavera.
Muchas mentiras emocionan. Y son mentiras. Aprendizaje de septiembre, cuando me vi más tenue de lo que suponía en un país gris de abandono.
Los animales no van hacia la gente que necesita afecto, a lo casi apagado. Van hacia la gente que sabe lo que es el afecto, lo que no es tenue.
La mentira es una especie de descanso mal entendido en el espacio de los animales. Por eso busco alejarme de lo tenue, me devolvieron esta primavera y entendí que el tiempo y las estaciones tampoco son importantes. Por eso admiro a los animales.


MabelBE
[podrán cortar mil flores...]

El aire puro es celeste

Acostumbraba a nombrar para protegerme de lo nombrado, como si la boca fuera una amenaza siempre a punto caramelo. Temía un contagio en masa de mis órganos. Los imaginaba violeta de tan oscuros, pecho, sexo, corazón, hígado, cerebro, ojos, pulmones, piernas. Y el aire de afuera era para mí de un azul subyugante, pero sin transparencia, lo imaginaba celeste.
Luego pasé a nombrar para apropiarme. Años preparándome en la idea de que los prodigios tenían la frescura de una irreductible lejanía. En este punto estábamos, jodidas mi alma y yo, cuando en una de esas acostumbradas sombras de tarde me enamoré. Por fin.
Los labios no aparecieron. La implosión me dejó ver un lugar adonde iba a parar toda el agua de lluvia de primavera. Fui un aljibe durante mucho tiempo. Hasta la disolución de los deslumbramientos caminé en círculos, recapacité apenas sobre mi voz, su aurora y el cielo, esperé que se evaporara lo necesario para ser feliz. Pero la gran masa de nombres se mantuvo, maldita, torrencial y ardiéndome, percibí el cadáver olvidado en la alacena como la parte de mi cuerpo que nunca más estará, pude ver cómo se superponían los distintos aromas de los caminos mientras yo no atinaba a moverme de este cruce en el que todavía estoy parada, porque no puedo dejar de pensar que el aire puro es celeste.
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MabelBE
Y no nombro al sol.

Un espacio adentro


Recordar aquella vez, cuando el cielo se mezclaba con la luz. Caminar sobre la primavera, sin descubrir el misterio de todo lo que no se ha dicho. No descubrirlo hasta que no se fije la belleza del naranja en la tarde anochecida.

MabelBE

sábado, 10 de septiembre de 2016

"Te estabas aburriendo"



Los círculos de la energía se fundieron en mi pecho, comprobé la constante de que lo que busco no está lejos, y me pregunté por qué mantener vivo un lugar donde se activan alarmas tramposas que golpean el corazón disminuyendo, entre otros desastres.
"Pensás mal, no estás viendo, te alejás”. Pero entre la angustia escuché “por fin”, así que durante otro rato disfruté del darme cuenta, dejándome ser, a mi suerte y voluntad, o en la entraña central. Todos los hirientes aparatos que construí y reconstruí, revolcados, hicieron que me píerda mirando el horizonte de artilugios sin final. Cuando entre los trastes divisé a esta costumbre desazonada de presionar al alma que no deja de insistir apareciendo, la visualicé sorprendida, repulsiva, enojada y con mi cara, y otra vez me espanté.
Un tiempo muerto hizo aparecer la palabra "difícil", que me trajo a que todo puede ser más fácil, y a que esos diminutos (de tibieza fea, sutilmente venenosos, moribundos indiferentes al envenenamiento) resultados, las dos veces que se cumplieron fueron ajenos a sí mismos.
Al final, lo irreversible de un cansado malsentir se abrió en exposición ante mí y sentí pena, los círculos volvieron a expandirse -un raro mecanismo de limpieza me los extirpó como sábanas tendidas al sol sano de una niñez campestre-, y se fueron corriendo a la aventura (antes sería "huyeron"). Al desaparecer, el último esparció esperanzadoramente el vaho del olvido liberador.

MabelBe

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