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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE ARROJO PROFUNDO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

martes, 20 de octubre de 2015

Me olvidé la serenata


Serenata. La costumbre es que, cuando la luz se prende en la habitación, el hombre es el elegido de por vida. Todos sabemos bien cómo es la cosa.
Luego de un rato la ventana continúa a oscuras y el hombre, parado con el silencio de lo que abruma la mirada, no sabe si esperar o no esperar, si irse girando la cabeza cada cuatro o cinco pasos con la esperanza de encontrar el hueco iluminado, si gritar que está arrepentido por algunas cosas, que tal vez -y solo tal vez- me deba una disculpa, que tuvo miedo y por eso no se siente responsable. Que yo también estoy brava. También se le ocurre mandarme un mensajito por celular por las dudas, no sea que esté dormida. O tal vez esté hablando por teléfono con algún otro...
Pero no hace nada, sólo continúa en el mismo lugar de la vereda, y ahora piensa que yo soy una desagradecida, que bien él podría desorientarse otra vez confundiendo oro y oropel, comprensión e indiferencia, pero no. Se repite a sí mismo: yo, que sufro mucho, mientras la ventana es una madera cerrada y sin claridad. Imagina qué hermoso sería si yo fuera amorosa otra vez y volviéramos la película atrás, al espacio donde no son necesarios los perdones.
Mientras, también parada adentro del cuarto, pienso en el destino que cortó la luz durante horas. Y en muchas cosas más, rencores, adicciones, compañerismos, nacimientos, cansancios, tristezas, sonrisas, terrores. Que pena, hay mucho de feo en lo que pienso. Y no puedo salir de ese espacio mental ni hacer los pocos pasos que me separan de la persiana, como para regalar un gesto de vida.
Así es como el hombre comienza a sentir un poquitín de frío, ya es tarde. Justo en el momento en que huele el fastidio pasa una murga por su lado, alguien con pompones plásticos verde fosforescente y una caja con algunos fósforos lo toma del brazo. Y moviendo el cuerpo mientras continúa la música carnavalesca, él sigue a los tambores por la calle olvidando de qué se trata una serenata.
En tanto, la situación parece no importarle ya a nadie. Que me cantan una serenata.


MabelBe

jueves, 1 de octubre de 2015

Lugar

Yo también soy de un lugar donde no importa si soy para siempre un desconocido, y donde probablemente vengo y también huyo del mundo, y al igual que el tuyo los tiempos son distintos y hay hombres que por subsistir cobardemente temen leer un poema. Yo también soy de un lugar donde el producto interno bruto se nos ha olvidado por cantar y bailar, y hay tantos peligros como el no dejarme morir por la soledad de una muchacha insalvable que no existe ni en los periódicos. Yo también soy de un lugar donde los trenes nunca llegaron a tiempo por perseguir a las luciérnagas, y Penélope anclada a la vida zurce las cuatro estaciones para coleccionar medallas; y sin embargo al igual que en el tuyo la rosaleda del silencio saltando no tiene nada que ver conmigo, y al igual que en el mío yo te sigo buscando, porque yo no tenía a más nadie y a quién ver en tu país todas las noches, cuando los hospitales están abiertos y en la sala de espera el amor es la mejor cura para vivir. / Manifiesto del saurio. Leonardo Zapata Almaguer [tomado de la revista La Iguana].

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