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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

sábado, 18 de junio de 2016

Un salón con mil ventanas

Sujeto al objeto

Luego de una confesión pura o de una sensación guardada que queda en situación primaria de libertinaje, pareciera que algunas entrañas necesitan depositar su aura energética de atención sobre cualquier objeto simple, cuya única característica valedera es la casual proximidad.
Sólo con su ubicación temporal el objeto logra tan supremo efecto. Más el guiño cómplice del extravío en la mirada.
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Casi nada, apartar el goce egocéntrico de feroz lastimadura, hallazgo impresionante, o explosión de alegría, que acaba de ocurrirle a la memoria de la psiquis o del corazón.
Finalmente, el considerar al objeto como sujeto amuleto, fetiche colorido, o el sitio donde depositar el sentimiento, puede tornarse el ítem inmediato. De allí al barranco de confusiones profundas, pocos pasos.
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Es increíble que un objeto logre esta circunstancia letal. Solo un objeto, y tan peligroso. Sólo un objeto, cuyo color es eventualmente gris desapercibido, o cuya textura es una simplona falta de profundidad. Pero sucede, en las almas aturdidas y/o confusas.
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MBellante
el objeto de la mirada extraviada

o del impotente

Salvo la haraganería hiriente

Desvencijados de esperar, están tomando la costumbre de agacharse cuando pasa el viento en un colmo de pereza. Y de reagruparse en la suciedad, formando exhortos hirientes una y otra vez, adentro de un corazón tibio -pero no de tibieza.

MabelBE
· Los sucios en las sombras·

El Roto


viernes, 17 de junio de 2016

Nosotros, los pobres


El pensamiento suele volverse un patrón que obliga a la reiteración.
En ocasiones se piensa compulsivamente que la familia es la base y que sin ella nos caemos en picada por un agujero como el de la mina de Chuquicamata. Si es el caso y nos quedamos sin familia, bueno, ya tenemos donde ir a terminar líricamente. Si estás más cerca de Rusia que de Chile, tenés la mina de Mirna. La naturaleza sigue velando por todos.
Es muy fácil otras veces obsesionarse con el trabajo. La vida pasa a ser tamaño oficina, maletín o sillón de escritorio, y el nombre de lo supremo es Eficacia. Un valor multiplicado por la inexistencia del futuro: lo único cierto que vendrá con peso. Indiferente a cada uno.
Para algunos la política es muy importante y hay que resistir, resistir, resistir, resistir, asistir, resistir, existir, persistir, no: resistir, era resistir... ¿resistir? ¿a qué había que resistir?.
Para otros la política es igual de importante por lo tranquilizador que significa el poder y el dinero fácil. En ambos casos, eso sí, se logra casi idéntico resultado, queda flotando confusión y desperdicio. No hay que burlarse de esto.
Una vida puede fácilmente basarse en el pensamiento religioso -dirán que es sentimiento pero no nos importa eso ahora - y es fanáticamente posible ocupar la mayoría de las horas rezando para pedir desde la paz del mundo hasta que el jefe falte por una semana o desde salud para el amigo que padece cáncer hasta sacar la lotería.
Se puede existir totalmente desatinado, y llegar a viejo y sano.
Se puede sostener una existencia en una creencia que tal vez no sea del todo errónea para gran parte de todos nosotros, pero que no tiene el valor significativo que se le quiere dar. Es más, así vive la inmensa mayoría. Quién puede sin dudar asegurar que a ésto -por lo que está luchando- vino, en un ciento por ciento.
Entonces, como siempre me pasa en este tramo, se me sienta la cursilería al lado, y una tristeza regalada con ojos de gato caramélico me envuelve como con una manta de lino [son esos insignificantes huecos, que sólo permite la tela cuando es común, los que dejan ver que del otro lado no hay nada]. ¿Nada?, qué sorpresa.
Toda reiteración se vacía en sí misma y al cabo de un tiempo cuesta mantener su parámetro en la línea del horizonte y su concepto sin contaminación.
La mayoría es nuestro único y lamentable parámetro. Pobre de nosotros!
Pobre de mí. Y de vos. Y de ella, y del otro. Y de aquellos, también de los que andan riéndose por allá, atrás de la pantalla de los modos y cortinas que tapan plantas o techos.
Tu pensamiento es tu patrón. El que te obliga a interpretar con yerro tantas veces. Por eso mismo buscás al similar para sentirte más fuerte y más cuidado. Familia y parentela. Trabajo con sillón. Rezo y espera, siempre espera, espera, espera, espera. Política de búsqueda y deseo de otras cosas que-no-existen-ahí. Y no valés nada, al fin y al cabo. Fijate cómo te vas difuminando mientras corrés cargando desgracia a la deriva. Variables que transmutan o que engañan o que no estamos capacitados para comprender.
Cuánto habrá de nosotros en nosotros. Cuánto habrá de mí en mí. Cuán del universo, del ambiente, de mi profesión. Cuán de mi oficio, de  mi familia, de mis dioses, de lo que me gusta o emociona, o me da asco. Qué, de lo que no conozco. De lo que no conoceré.
Cuánto queda de mí en mí después del vaciamiento y la resaca. De la soledad que tanto miedo da.
No me sé. Puedo afirmar que no nos sabemos?. ¿Qué es lo que sabemos?, ¿tu realidad, es la misma realidad que la de quién o quienes?. ¿Queremos convertirnos en oración, en eficacia, en consorte, en dinero, en política, en el gato cursi, en nuestra propia importancia descajetada? o queremos llegar al fondo del derrame, tocar lo que no se hunde, poder decir "de aquí para abajo ya no hay más ¡por fin!"?
Sospecho que hay algo de temor ante la pérdida de la esperanza de lograr algunas metas.
La realidad. Sugiero una huelga al pensamiento, para ver si realmente existe.


MabelBE

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