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sábado, 27 de septiembre de 2025

miércoles, 6 de agosto de 2025

Lo que sabemos

Sabemos, como una cuerda de guitarra tirada en el olvido, sonreír extrañando cierto tipo de abrazo musical, y en él, extrañar a todos los abrazos.
Sabemos encontrarnos lejos de todo, y a la vez sufrir sobre la nada expresada por oscuridades ajenas que, de tan cercanas, ensucian, y en un colmo de martirio a veces nos las apropiamos.
Pero es en las noches de luna -mientras esperamos su salida para ilusionarnos con esas sugestiones que el ramaje de árboles dormidos nos sombrea en la cara- cuando mejor sabemos de la necesidad profunda y hacia donde ir por la felicidad que buscamos.
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MabelBE

martes, 17 de junio de 2025

Volver /Arbolito

no hay nada más lindo que hacer

Amor

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No se trata de negarse al autoconocimiento, molesta el miedo a tener una cosa menos en la vida. Debe ser ésta la parte más triste del recuerdo, la que conmina a volver a las sombras por un tiempo, cuidado, ¡que esté alerta la tristeza!. Nada sobrevive a la eternidad de una tarde cualquiera, tal vez bañada de ternura, con algo más de sabiduría pero sin terminar de imaginar cómo son las cosas. Mirar por la ventana enredada de perdones, esperando que entre la revuelta de sustos y emociones con la llave de esa parte del camino que me alcance a casa. Es el deseo, que haya servido, amor.


MabelBe
AKASHIA. Ojos abiertos

sábado, 14 de junio de 2025

Arriba

Puesta acá por la poesía de bóvedas celestes, miro hacia arriba.
Al principio no se siente nada.
Está roto el encanto conocido, mejor, era incómodo. 
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Nunca decidí dejar de creer
en lapsos interminables de primaveras suaves, enajenadas, bruscas, felices, coloridas
hasta que en los ojos estalla la mirada
y el reloj vuelve a caminar.
Sigue la letra, subo.
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MabelBE /AKASHIA. Ojos abiertos

lunes, 2 de diciembre de 2024

Sombra de noche bajo el paraíso


Un hombre llega cuando se está terminando de completar la penumbra primaveral que se percibe en el aire. El aroma de las flores del paraíso puede casi tocarse, su peso rodea el cuerpo de esa mujer, inclinado como acompañando la caída de cada cabello roto. Antes de mezclarse y desvanecerse entre los naranjas y lilas, el azul ausente de los pétalos en el piso emula a una mirada de hace mucho tiempo.
Obligado por la brisa a punto de descomponerse en el atardecer, se sienta para mirarle los gestos mecánicos que organizan el vuelo de dientes negros. El peine aparece y desaparece entre los enredos de su alma, y ella, sentada, con esa postura ida tan suya, recorta sombras sobre el vestido generando violetas que se pierden. Él, intimidado, la siente como un mundo adonde nunca podrá ingresar, se le hace más fuerte adentro. No sabe cuándo comenzó la noche. Los chasquidos retumban en el cielo y en el pecho, sin diferencia alguna.

MabelBE