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domingo, 20 de septiembre de 2009

Amor

Quedé asombrado al ver que no había maldad en ningún alma. Las gentes pueden hacer cosas terribles debido a la ignorancia o a carencias, pero ningún alma es mala. "Lo que la gente busca, lo que la sustenta, es amor", me dijo, "lo que distorsiona a la gente es la falta de amor". Por esta razón hoy soy confianza total en el proceso de la vida. / La experiencia de muerte clínica de Thomas Benedict Mellen.

domingo, 30 de agosto de 2009

Vienen cambios profundos

Las cargas y dolores son creaciones vuestras, no hay nada externo que los obligue a aceptar esas realidades. Transformen esas realidades para vivir una nueva vida, y ayudar a que sus hermanos puedan descubrir como crear las suyas. / Jeshua.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Batalla y alas

Nos encontramos en el fondo del frente de batalla.
Agotados de tanta guerra
nunca terminamos de enterarnos
que el conflicto siempre estuvo a medio camino
entre
mi amor por vos, que buscaba no amarte
y tu amor por mí, que nunca supo de mis alas.

MabelBE

lunes, 17 de agosto de 2009

Dios

La verdad es una. Los sabios le dan varios nombres. Es un solo sol que se refleja en todos los pozos, es la única agua que apaga la sed de todos, es el único aire que mantiene toda vida, es el único fuego que brilla en todas las casas. Los colores de las vacas pueden ser diferentes pero la leche es blanca. Las flores y las abejas pueden ser diferentes pero la miel es la misma. Los cuerpos de fe pueden ser diferentes pero Dios es uno. Como la lluvia que cae del cielo se dirige hacia el océano, así las plegarias ofrecidas en todas las religiones llegan a Dios, que es supremo. / Wayne W. Dyer. Tu yo sagrado.

domingo, 16 de agosto de 2009

Buscador de lo ajeno

Es alguien que dice necesitar la música del tren porque lo ayuda a palpar espacios que no aburran. También nuevas ciudades. La diferencia. Y confundiéndose a la valentía, un viernes por la noche parte en busca de algún paisaje que posea más saludos. A él le enseñaron que los saludos son algo principal.
Así, a bordo de extraños rieles, comienza un recorrido relleno de voces, trinos desgajados, semifusas que no llegan a talento, otros ruidos. Como él mismo.
Solo, saturado de ganas de cambios. Siempre ha esperado del afuera eso que le llene el alma. Por ejemplo, sus ojos constantemente preguntan cómo es posible elegir algo si al hacerlo hay que dejar de lado todas las otras cosas prometedoras que están allí. Así es como busca y busca, no cuida lo hallado, como si la condición de pertenencia restara importancia a su propia existencia. Lo suyo le aburre, le pasa con vehículos, con conceptos, con animales, con sensaciones, con personas, con sentimientos.
Comienzan a pasar las estaciones. Entradas, formas algo urbanas, campos, colores, frío y calor, ansiedad, euforia, ¡novedades!. Se suceden los letreros con el nombre de los lugares. Al leerlos y mirar en derredor, análisis del tipo "me gustaría vivir acá" o "no me gustaría vivir acá" se emborrachan en su mente. En tanto, generando sustancias internas, su ser engolosinado mantiene la atención primaria en esa superficie resbalosa que impide varias cosas, pero sobre todo comprender el grado de profundidad o superficialidad de lo que está sucediendo en ese instante.
Llega a la estación final. ¡Todos deben descender! dice la voz desde la descarga metálica habitual de los altoparlantes. Y obedece enseguida, como siempre hace con las primicias que irrumpen en su vida. Queda parado cerca del vagón, sin objetivo, esperando que aparezca el bálsamo que cure el eterno malestar, mientras continúan los sonidos, trozos de canciones, disfraces y la parte cursi de los corazones (cáscara que abraza, que repite lo mucho que ama).
Él sabe bien por qué no le alcanza y enseguida se aleja, está acostumbrado a este tipo de escapes porque ha tenido experiencias de cierto éxito dejando pasar un tiempo y volviendo como si nada hubiera sucedido. No le importa que el miedo sea algo terrible porque hace conformar a veces y a veces huir, sostiene que el miedo no es zonzo. Y cuando cree que es su tiempo de cosecha, se empapa en eso, está seguro de que no volverá a aburrirse de su mirada nunca mas: así le sucede en las subidas. Las bajadas son otra cosa, ahí entran a jugar los que son descuidados luego para ser finalmente olvidados.
Es alguien que nunca se pregunta dónde ha dejado, cómo ha sido construído, de qué forma hay que cuidar, qué es lo que une a la vida. Observa fotográficamente el espacio. Han pasado ya unas horas. El único horizonte es ese anden, y algún recuerdo actualizado que lo lleva a creer haber conocido muchas ciudades. Rememora, como un disco de una sola canción, con una sonrisa satisfecha las manos en alto moviéndose a su paso, contestándole sus simpáticos gestos de holaholaquetalcomovatodoamigo!? Estas cosas le permiten holgazanearse, y así va tirando sin hacerse cargo de sí mismo.
Tan tomado por la euforia está que no entiende que jamás ha entrado en algún lado. Sigue sin tener idea que sólo ha visto de lejos carteles de bienvenida. Repite, en su dormidera, que necesita la música del tren y que los saludos son maravillosos.

MabelBE

jueves, 6 de agosto de 2009

Sendas

Todas las sendas son iguales; no conducen a ninguna parte. Son senderos que cruzan el matorral o se internan en el matorral. En mi propia vida puedo afirmar que he recorrido senderos largos, muy largos, pero no he llegado a ninguna parte. Hay que preguntarse a uno mismo: ¿tiene corazón este sendero? Si lo tiene, el sendero será bueno. Si no, no sirve. Uno significará un viaje alegre, mientras lo recorras serás parte de él. El otro puede arruinar tu vida. Uno te hará fuerte, el otro te debilitará. / Don Juan, un guerrero Yaqui, según se lo contara a Carlos Castaneda.