un eco sin fuente que se percibe como viento
que no toca nada, pero insiste,
como si el aire supiera cosas que la mente no archiva.
Cuando habla lo que no pudo decirse,
su ausencia es el síntoma antes del síntoma.
los brazos extendidos de una historia incompleta.
Y ahí intento mirar, sujetar el hilo del malestar,
pero el hilo que se disuelve en los dedos
Hay momentos en que se deja ver
y hace toser al alma, buscando expulsar el polvo
Después todo vuelve a su sitio.
El mate, la calle, las palabras de siempre,
la paciencia del animal que duerme,
pero nunca descansa del todo.


