Voy por diagonales y calles cortadas, buscando entre los ojos eso a lo que quiero pertenecer entre los destellos minimalistas de tantos colores envueltos en la bandera. El cielo reparte estrellas, o sonrisas en esta patria donde puedo invisibilizarme, arrepentirme, burlarme, condenar, condenarme.
Por más que se rompa, tarde o temprano rearmaré sus pedazos, con la inexperiencia de un personaje que no mide el peligro, o desde un gesto absurdo. Me guarece la transparencia de los censos justos, donde los habitantes descansan mientras una pequeña represa deja flores de todas las estaciones.
Camino a través. Los desvíos, el punto de calor, la parada ante el velo de la virgen de la angustia y su espejo cortado, una huella de emoción, la quietud de la montaña, los parentescos, mi último viaje en tren. Es estar en patria.
