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LA EXHIBICIÓN NO SUPONE NINGÚN ARROJO, LA TRANSPARENCIA SÍ.

jueves, 11 de octubre de 2012

Noticioso

Mi abuela era sorda. Tenía de esos audífonos que funcionaban con tres pilas comunes metidas adentro de una cajita enganchada al corpiño. A veces el aparato hacía un ruido agudo, metálico, parecido al de un micrófono cuando se satura. Un cable de color piel unía el tapón que iba adentro del oído y la cajita con las pilas... A la abuela le gustaba comer. La noche antes de morir se preparó papas fritas a caballo. Cuando murió estuvo dos días tirada en el piso. La casa tenía signos de alguien desesperado. De quien quiso aferrarse a los muebles y se cayó. Vivía en una planta baja. Se quejaba de los vecinos que tiraban cosas a su patio... La abuela quería puntualidad. Que la comida no se pasara. A veces yo recién había desayunado. Pero comía igual. La televisión estaba sin volumen y clavada en el noticiero del once. El noticioso, para ella. La abuela leía los labios. Así que para cuando yo llegaba era capaz de comentarme todas las noticias del día. Se inclinaba por las truculentas, los detalles que revolvían el estómago. O te lo dejaban como piedra. Hasta que aparecía Grecia Colmenares y su pelo de photoshop. Mientras comíamos hablaba de papá. Maravillas. De la tía hablaba pestes. En cambio papá hacía todo bien. Como en esa época yo también estaba enamorada de él, las dos contentas. Después preguntaba por la facultad. Por mi novio. Apurate nena que quiero verte casada. Y yo siempre dubitativa, tardé. Y la abuela se lo perdió. Cómo fue que te quedaste sorda le pregunté un día. Lloró y tuvo que sacarse los anteojos y secarlos con la servilleta cuando lo contó. La madre le había pegado tanto esa vez. / fragmento de Noticioso. Laura Galarza. Lamujerdemivida, nro. 63.

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