
con un ritmo que no pide permisos
rehace el paraíso en la memoria inmediata.
El humor vuelve a pisotear
aumenta los giros del amor.
Es entonces el sol
la forma
natural y colorida
por venir.
No sólo revitalizante.
MabelBe
Hay un ruido en el paisaje

Un día vi el momento exacto en que una mujer entendía que su interior era un árbol desparejo, con raíces que avanzaban sin permiso y una copa que no sabía todavía cómo sostener el viento. La miré justo cuando descubría que ignoraba sus porqués; su expresión de sorpresa me desarmó. Pensaba en lo que debía estar sintiendo y, mirándola, me disolví.
Durante años creí encontrarme, hasta que el poder del mundo, con su red prolija de fabricar subjetividades, volvía a capturarme. Sin apuro, sin pausa, dejé que la vida pasara como pasan los días cuando una no mira: sin advertir el primer brote, sin registrar la última hoja.
En este tiempo, la intuición, mi compañera —ese fresno, ese ciruelo— fue levantando las partes de mí que habían quedado quietas. Sigo avanzando, incluso cuando el viento me arroja contra puertas, paredes o ventanas. Estoy en contacto directo con mi devenir. Y aún conservo aquella doble sorpresa: la de ella al comprenderse por primera vez, y la mía al descubrir que ambas éramos una sola revelación. / MabelBe.
.
Frente al espejo, la canilla respira un hilo de agua
y parece acostumbrada a esperar.
Sesenta y un años
ignorando el mapa
de mi mano.
Lavaba la piel, no el gesto;
el borde, no el centro.
Esta fue la vez diferente.
Doblé los dedos hacia adentro,
jabón en los costados,
el dorso, las orillas.
Pasé sesenta y un años
rozando la canilla sin verla,
esos descuidos transparentes.
Este agua siempre me lavó
con la memoria de no haber sabido
que la ignorancia se esconde en las pequeñas cosas.
Sobre todo ahí.
Todavía me sorprende.
MabelBe / ElEnte
Voy por diagonales y calles cortadas, buscando entre los ojos eso a lo que quiero pertenecer. Los colores enredados de la bandera envuelven destellos minimalistas. El cielo reparte estrellas, o sonrisas.
Puedo invisibilizarme, arrepentirme, burlarme, condenar, condenarme. Puede romperse las veces que quiera: tarde o temprano rearmaré sus pedazos, con la inexperiencia de un personaje que no mide el peligro, o desde un gesto absurdo. Me guarece la transparencia de los censos justos, donde los habitantes descansan mientras una pequeña represa deja flores de todas las estaciones.
Camino a través. Los desvíos, el punto de calor, la parada ante el velo de la virgen de la angustia y su espejo cortado, una huella de emoción, la quietud de la montaña, los parentescos, mi último viaje en tren. No es cuento, no es terror ni amor: es estar en patria.
El televisor grasiento de la panadería
sabe más de mí que mis rodillas.
.
Compruebo fortalezas
y me resigno a transitar estas fatigas.
Desando caminos, espero lo nuevo y me invento lo nuevo.
.
Consciente del coma que amenaza el alma
me interrogo en el espejo
sobre los posibles excesos
de mi lucha contra tanta falsa oferta de consuelo.
.
Igual, no volveré a organizar mis ojos
en una opción sin certezas.
.
Porque al toque nace una nueva.
.
No puedo explicar la magia de la vida,
siempre cambia de canal, pero la veo:
una sanidad desabrida, una promesa de publicidad barata
en la primera porción humeante
de una tarta de espinacas,
mostrada en un televisor de panadería
que hace doler el cuello si lo mirás demasiado.
.
Me espanta que me importe menos
el letargo del calor de febreros repetidos
que apolillaron rodillas, abdomen y tetas,
que la tarta de espinacas.
.
Y sin embargo la realidad es que el cáncer me gastó una teta
pero la traición me rompió el alma.
.
Compruebo el aumento del cansancio,
me preparo a soportar estas tristezas.
.
Lo
que duele es el error en los cimientos,
la confusión, el haberme dejado regar
por esencias que no pude habitar.
.
Suponer que así era la verdad.
.
Y haber confiado ciegamente en la epigenética.
MabelBE
.
.Poco antes de morir
comentó entre silencios
que fue un otoño sin magia,
sin remedio, algo perdido.
Pero que ya terminó, anuncia.
Sus moles de silencio
fundían el aire punzado
hasta hacerlo cascote de tristeza.
¡Tantos años respirando
esos entes de nostalgia!
¡Yo hubiese querido
sentir su felicidad!
Se va una parte de vida,
escurridiza, seca, tierra vieja,
que desgajó los caminos,
convivió con mi destino
y lo que más quería era bailar.
Desleída, sin ver la desventaja,
los secretos y fantasmas
comían mi desayuno.
Los días desaparecían
y, en mi corazón ingenuo,
la hostilidad de sus ojos
fluía quieta
en metódica disolución.
Así se volvió problema intenso,
escurridizo, seco, tierra vieja,
que siempre me hace llorar.
Y ahora me está diciendo
que primero no supo y que después no
pudo.
¿Cómo me saco del alma
este vacío inyectado
que me torna sepultada?
Esa tristeza, tan suya,
hace días que está de visita.
Y cuando se pone al lado
me duele adentro la niñez.
Lágrimas que saltan, una, otra, apuradas
o veloces, tac tac tac
sobre el vidrio de la mesa.
Me pide que le perdone la impotencia
vital,
su desconfianza infinita,
el no haber bailado.
Que no supo, repite
que no pudo
y se va.
MabelBE
.